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Ejemplo del amigo íntegro

Dijo el hijo a su padre: “¿-Viste algún hombre que tuviese amigo cumplido y entero?” Le dijo el padre: “-No lo vi, pero lo oí.” Y dijo el hijo: “-Pues cuéntamelo, y si por ventura podría yo ganar un tal amigo.” Y dijo el padre: “-Me fue contado de dos mercaderes, uno de Egipto, otro de Baldac,1Nombre medieval para ‘Bagdad’ que por solo la fama y la reputación se conocieron y por mensajeros se escribían para las cosas que necesitaban. Y aconteció que el mercader de Baldac tuvo que ir de negocios a Egipto y cuando lo supo el egipcio que venía, salió al camino a él a recibirlo en su casa con gran alegría y le sirvió con todas las cosas, según es costumbre de los amigos. Y estuvo así ocho días y le mostró todas las cosas que en su casa tenía, y a cabo de los ocho días se enfermó y su amigo tuvo gran dolor y llamó a todos los médicos para que lo viesen y lo curasen. Y los médicos le tomaron el pulso una y dos y tres veces y vieron la orina y no le vieron enfermedad alguna. Y como no le encontraron enfermedad corporal, entendieron que era de amor aquella enfermedad. Y cuando su amigo lo supo, vino a él y le dijo que si había alguna mujer en su casa que él amase. Y él enfermo le dijo: “-Muéstrame todas las mujeres de tu casa y si es alguna de ellas, te lo diré. Y luego le mostraron todas las que bien cantaban y las mozas que servían, y dijo que no le gustaban ninguna de ellas. Y este mercader tenía una moza noble, la cual había criado en su casa largo tiempo para tomarla por mujer y se la mostró. Y el enfermo, viéndola, dijo: “-Por esta es mi muerte y por esta es mi vida.” Y luego su amigo se la dio por mujer con todas las cosas que él iba a recibir con ella y con todas las otras cosas que él le iba a dar a ella si con ella se casara. Y esto hecho así y tomada su mujer con todas las cosas que con ella le dieron, y acabado el negocio, volvió a su tierra.

Y después aconteció que el egipcio, que había hecho todas las cosas por el de Baldac, perdió cuanto tenía, y venido a gran pobreza decidió ir a Baldac a aquel amigo suyo para que le ayudase y tuviese compasión de él. Y con la mala ropa y con el hambre tomó su camino para Baldac y llegó mucho después de entrada la noche. Y por vergüenza no fue a la casa de su amigo, que tuvo vergüenza que si por acaso no le conociera, que no lo recibiría en su casa a tal hora. Y entró en un templo por estar allí aquella noche. Y estando así muy preocupado y pensando para sí muchas cosas, cerca de aquel templo en la ciudad se encontraron dos hombres y uno mató al otro y huyó. Y muchos de la ciudad, oyendo el ruido, se acercaron allí y encontraron aquel muerto, y preguntándose quién lo había hecho, encontraron a aquel mercader egipcio. Y él respondió: “-Yo lo maté”, que deseaba escapar de la pobreza por la muerte. Y lo prendieron y lo llevaron a la cárcel. Y otro día lo llevaron ante los jueces y lo condenaron a la muerte y lo llevaron a la horca y muchos de la ciudad salieron a ver esta justicia, entre los cuales estaba su amigo, por el cual había venido a la ciudad. Y viéndolo, se dio cuenta que era su amigo de Egipto y acordándose de los bienes que le había hecho en su casa y que después de su muerte no le podría corresponder por ellos, se propuso recibir la muerte por él, y a grandes voces dijo: “-¿Por qué condenáis a este inocente y a dónde lo lleváis?, que no merece la muerte, que yo maté a aquel hombre.” Y luego lo tomaron y lo llevaron a la horca y absolvieron al otro de la muerte.

Y aquel que lo había matado iba entre la gente y pensando para sí: “-Yo maté a ese hombre y este inocente está condenado a la muerte, y yo que lo hice estoy libre, ¿qué razón tiene esta injusticia?, y no sé otra cosa salvo que sea solo paciencia de Dios. Aunque Dios es un juez justo que no deja ningún pecado sin pena, pues así es, y porque no me dé más duras penas después de esta vida, quiero manifestar lo que yo hice.” Y dijo: “-Yo lo hice, dejad a ese otro, que no tiene culpa.” Los jueces se maravillaron mucho y ataron a éste y dejaron al otro, e dudando del juicio llevaron a éste y a los otros dos, que ya estaban libres de la muerte, ante el rey y le contaron todas las cosas como habían acontecido y él mismo dudó pero del consejo de todos perdonó a los tres bajo condición de que le dijesen la razón del delito. Y luego cada uno de ellos declaró su razón. Y ellos así sueltos, el amigo, que se ofreció a la muerte por su amigo que le había venido a ver, lo llevó a su casa y le hizo mucha honra y le dijo:”-Si tú aquí quieres estar, todas las mis cosas sean tuyas y mías, y sí quisieras ir a tu tierra, tanto cuanto yo tengo partámoslo por medio.” Y así recibió la mitad de lo que tenía su amigo, y luego volvió a su tierra. Y todas estas cosas así recontadas, le dijo el hijo al padre: “-Apenas o nunca podría ser encontrado tal amigo.”