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Partida séptima

Alfonso el Sabio, Antología, ed. Margarita Peña, Porrúa, 1973, pp. 142-147 (El texto original ha sido modernizado para facilitar su lectura).

TÍTULO XXIV: DE LOS JUDÍOS 

Judíos son una manera de hombres que comoquiera que non creen la fe de nuestro señor Jesucristo, pero los grandes señores de los cristianos siempre sufrieron que viviesen entre ellos. Donde, pues que en el titulo ante de este hablamos de los adivinos et de los otros hombres que tienen que saben las cosas que han de venir, que es como manera de desprecio de Dios, queriéndose igualar con él en saber los sus hechos, et las sus secretos, queremos ahora aquí decir de los judíos que contradicen et denuestan el su hecho maravilloso et santo, que El fizo cuando envió a su fijo nuestro Señor Jesucristo en el mundo para salvar los pecadores; et mostraremos qué quiere decir ju­dío, et de dónde tomó este nombre; et por qué razón la iglesia et los gran­des señores cristianos los dejaron vivir entre sí, et en qué manera de­ben hacer su vida mientras que vivan entre ellos, et cuáles cosas non deban usar ni hacer según nuestra ley; et cuáles son aquellos jueces que los pueden apremiar por maleficios que hayan hecho o por deber que deben, et cómo non de­ben ser apremiados los judíos que se tornen cristianos, et qué mejoría ha el judío por tornarse cristiano de los otros que non se tornan, et qué pena merecen los que les hicie­sen daño o deshonra por ello, et qué pena deben haber los cristianos que se tornan judíos; et los judíos que hagan a los moros que son sus siervos tornar a su ley.

LEY I: QUÉ QUIERE DECIR JUDÍO, ET ÓNDE TOMÓ ESTE NOMBRE, ET POR QUÉ RAZONES LA EGLESIA ET LOS GRANDES SEÑORES CRISTIANOS LOS DEXARON VIVIR ENTRE SÍ

Judío es dicho aquel que cree et tiene la ley de Moisés según que suena la letra de ella, et que se cir­cuncida et hace las otras cosas que manda esa su ley. Et tomó este nom­bre del tribu de Judá, que fue más noble et más esforzada que todos las demás tribus; et demás había otra mejoría que de aquella tribu se elige el rey de los judíos; et también en las batallas los de aquella tribu tuvieron siempre las primeras feridas.

Et la razón porque la iglesia, et los emperadores, et los reyes et los otros príncipes sufrieron a los judíos vivir entre los cristianos es esta: por­ que ellos viviesen como en cautiverio para siempre et fuese remembranza a los hombres que ellos vienen del li­naje de aquellos que crucificaron a nuestro señor Jesucristo.

LEY II: EN QUÉ MANERA DEBEN FACER SU VIDA LOS JUDÍOS MIENTRAS VIVIEREN ENTRE LOS CRISTIANOS, ET CUALES COSAS NON DEBEN USAR NI FACER SEGUN NUESTRA  LEY,  ET  QUÉ  PENA  MERESCEN  LOS  QUE  CONTRA ESTO FICIEREN

Mansamente et sin bollicio malo deben vivir et hacer vida los judíos entre los cristianos, guardando su ley et non diciendo mal de la fe de nuestro Señor Jesucristo que guardan los cristianos. Otros se deben mucho guardar de non predicar ni convertir a ningún cristiano que se torne judío, alabando su ley et de­nostando la nuestra; et cualquier que contra esto hiciese debe morir por tal cosa et perder lo que tiene.

Et porque oímos decir que en algunos lugares los judíos hicieron et hacen el día del Viernes Santo re­membranza de la pasión de nuestro Señor Jesucristo en manera de escar­nio, hurtando los niños et poniéndo­los en la cruz, o haciendo imágenes de cera et crucificándolas cuando los niños no pueden haber, manda­mos que si fama fuese de aquí ade­lante que en algún lugar de nuestro señorío tal cosa sea fecha, si se pu­diere averiguar, que todos aquellos que se acertasen en aquel hecho que sean presos, et recaudados et aducidos ante el rey, et después que él supiera la verdad, débeles mandar ma­tar vilmente cuantos quiera que sean. También prohibimos que el día del Viernes Santo ningún judío sea osado de salir de su barrio, mas que estén allí encerrados fasta el sába­do en la mañana, et si contra esto hiciesen, decimos que del daño o de la deshonra que de los cristianos re­cibiesen entonces non deben haber enmienda ninguna.

LEY III: QUE NlNGUNT JUDÍO NON PUEDE HABER NINGUNT OFICIO NI DIGNIDAD PARA PODER APREMIAR A LOS CRISTIANOS

Antiguamente los judíos fueron muy honrados et tenían gran pri­vilegio sobre todas las otras gentes; ca ellos tan solamente eran llama­dos pueblo de Dios; mas porque ellos fueron irrespetuosos a aquel que los había honrado et privilegiado, et en lugar de hacerle honra le deshonraron dándole muy vil muerte en la cruz, acertada cosa fue et derecha que por tan gran yerro et maldad que hicieron que perdiesen la honra et el privilegio que tenían; et por tal de aquel día en adelante que crucificaron a nuestro Señor Ie­sucristo nunca tuvieron rey ni sacerdote de sí mismos, así como lo habían ante. Et los emperadores, que fueron antiguamente señores de al­gunas partes del mundo, tuvieron por bien et por derecho que por la traición que hicieron en matar a señor que perdiesen por tal acto todas las honras et los privilegios que tenían, de manera que ningún judío nunca tuviese jamás lugar honrado ni oficio público con que pudiese apremiar a ningún cristiano en ninguna manera.

LEY IV: CÓMO PUEDEN HABER LOS JUDIOS SINAGOGA ENTRE LOS CRISTIANOS

Sinagoga es lugar do los judíos ha­cen oración; et tal casa como esta no pueden hacer nuevamente en ningún lugar de nuestro señorío a menos de nuestro mandado. Pero las que habían antiguamente si acaecie­se que se derribasen, pueden repararlas et hacer en aquel mismo suelo, así como en antes estaban, non las alargando más, ni las alzando, ni haciéndolas pintar; et la sinagoga que de otra manera fuese fecha, la deben perder los judíos et ser de la iglesia mayor del lugar do la hiciesen. Et porque la sinagoga es casa donde se loa el nombre de Dios, defendemos que ningún cristiano non sea osado de quebrantarla, ni de sacar ni de tomar de allí ninguna cosa por fuer­za, fueras ende si algún hombre mal­hechor se acogiese a ella: ca a este atal bien le pueden y prender por fuerza para levarle ante la justicia. También que los cristianos no metan allí bestias, ni posen en ellas, ni hagan embargo a los judíos mientras que allí estuvieran haciendo oración según su ley.

LEY V: CÓMO NON DEBEN APREMIAR A LOS JUDIOS EN DIA DE SÁBADO, ET CUALES JUECES LOS PUEDEN APREMIAR

Sábado es día en que los judíos hacen sus oraciones et están queda­dos en sus posadas, et non se traba­jan de hacer negocios ni pleito ni­nguno. Et porque tal día como este son ellos obligados de guardar, según su ley, non les debe ningún home emplazar ni traer a juicio en él. Et por tanto mandamos que ningún juez non apremie ni presione a los judíos en el día del sábado para traerlos a juicio por razón de deber, ni los prendan ni les ha­gan otro agravio ninguno en tal día; ca así ahondan los otros días de la semana para presionarles et demandarles las cosas que según derecho les deben demandar; et al aplazamiento que les hicieran para tal día, non son obligados los judíos de responder; ni tampoco sentencia que diesen contra ellos en tal día, man­damos que non valga. Pero si algún judío hiriese, o matase, o hurtase o robase en tal día, o si hiciese algún otro yerro semejante de estos porque mereciese recibir pena en el cuer­po o en el haber, entonces los jueces bien lo pueden recaudar en el día del sábado.

También decimos que todas las de­mandas que los cristianos tuvieran contra los judíos et los judíos con­tra los cristianos, que sean libradas et determinadas por los nuestros jueces de los lugares donde moraren, et non por los viejos de ellos. Et bien así como prohibimos que los cris­tianos non puedan traer a juicio ni agraviar a los judíos en día de sábado, también decimos que los judíos por sí ni por sus personeros non pueden traer a juicio, ni agraviar a los cristianos en ese mismo día. Et aún demás de esto prohibimos que ningún cristiano non sea osado de prender ni de hacer tuerto por sí mismo a ningún judío en su perso­na ni en sus cosas, mas si querella hubiera de él, demándesela en juicio ante nuestros jueces. Et si algu­no fuera atrevido et forzara o roba­ra alguna cosa de ellos, débesela tornar doblada.

LEY VI: CÓMO NON DEBEN SEER APREMIADOS LOS JUDÍOS QUE SE TORNAN CRISTIANOS, ET QUÉ MEJORÍA HA EL JUDÍO QUE SE TORNA CRISTIANO, ET QUÉ PENA MERECEN LOS OTROS JUDÍOS QUE LES  HACEN  MAL O DESHONRA POR ELLO

Fuerza ni premia non deben hacer en ninguna manera a ningún ju­dío porque se torne cristiano, mas con buenos ejemplos, et con los di­chos de las santas escrituras et con halagos los deben los cristianos con­vertir a la fe de nuestro Señor Jesucristo; ca nuestro Señor Dios no quiere ni ama servicio que sea he­cho por fuerza.

También decimos que si algún ju­dío o judía de su grado se quisiese tornar cristiano o cristiana, non se lo deben embargar ni defender los otros judíos en ninguna manera; et si alguno de ellos lo apedreasen, o lo hiriesen o lo matasen porque se qui­siese hacer cristiano o después que fuere bautizado, si esto se pudiese probar o averiguar, mandamos que todos los matadores et los consejeros de tal muerte o apedreamiento sean quemados.

Et si por aventura non lo mata­sen, mas lo hiriesen o lo deshonra­sen, mandamos que los jueces del lugar do acaeciese, apremien a los heridores et a los hacedores de la deshonra, de manera que les hagan hacer enmienda de ello; et demás que les den pena por ende según enten­dieran que merecen de la recibir por el yerro que hicieron.

También mandamos que después que algunos judíos se tornaran cristianos, que todos los del nuestro señorío los honren, et ninguno non sea osado de retraer a ellos ni a su linaje de como fueron judíos en manera de denuesto, et que hayan sus bienes et sus cosas, partiendo con sus herma­nos et heredando a sus padres et a los otros sus parientes, bien así como si fuesen judíos; et que puedan ha­ber todos los oficios et las honras que han los otros cristianos.

LEY VII: QUÉ PENA MERECE EL CRISTIANO QUE SE TORNARE JUDÍO

Tan malandante siendo algún cristiano que se tornase judío, man­damos que le maten por ello, bien así como si se tornase hereje. También decimos qué deben hacer de sus bie­nes en aquella manera que dijimos qué deben hacer de los bienes de los herejes.

LEY VIII: CÓMO NINGÚN CRISTIANO NI CRISTIANA NON DEBE FACER VIDA EN CASA DE JUDÍO

Prohibimos que ningún judío non sea osado de tener cristiano ni cristiana para servirse de ellos en su casa, comoquiera que los puedan haber para labrar et enderezar sus heredades de fuera, o para guardar­los en camino cuando hubiesen a ir por algún lugar dudoso.

También prohibimos que ningún cristiano ni cristiana non convide a ningún judío ni judía, ni reciba también convite de ellos para comer ni beber en uno, ni beban del vino que es hecho por mano de ellos. Et aún mandamos que ningún judío non sea osado de bañarse en baño en uno con los cristianos.

También prohibimos que ningún cristiano non reciba medicamento ni purga que sea fecha por mano de judío, pero bien la puede recibir por consejo de algún judío sabidor, solamente que sea fecha por mano de cristiano que conozca et entienda las cosas que son en ella.

LEY IX: QUÉ PENA MERESCE EL JUDÍO QUE YACE CON CRISTIANA

Atrevimiento et osadía muy grande hacen los judíos que yacen con las cristianas, et por ende mandamos que todos los judíos contra quien fuere probado de aquí adelante que tal cosa hayan hecho, que mueran por ello; ca si los cristianos que hacen adulterio con las mujeres casa­das merecen por ende muerte, mucho más la merecen los judíos que yacen con las cristianas, que son es­piritualmente esposas de nuestro se­ñor Jesucristo por razón de la fe et del bautismo que recibieron en nom­bre de él.

Et la cristiana que tal yerro hicie­ra como este, tenemos por bien que non quede sin pena; et por ende mandamos que si fuere virgen, o ca­sada, o viuda o mujer injuriada que se dé a todos, que haya aquella pena que dijimos en la postrimera ley del título de los moros, que debe haber la cristiana que se acostara con moro.

[Partida VII, título XXV, ley X:

Si el moro yoguiere con cristiana vírgen, mandamus quell apedreen por ellos: et ella por la primera vegada que lo ficiere, pierda la meytad de sus bienes, et herédolos el padre ó la madre della […] et si non los hobiere háyalos el rey. Et por la segunda pierda todo quanto hobiere […] et ella muera por ello.

Si el moro tiene el acto carnal con cristiana vírgen, mandamos que lo apedreen por eso. Y ella, por la primera vez que lo hace, pierde la mitad de sus bienes, y los herede el padre o la madre […] y si no los tiene lo herede el rey. Y por la segunda vez pierde todo lo que tiene […] y muere por ello.]

LEY X: QUÉ PENA MERESCEN LOS JUDÍOS QUE TIENEN CRISTIANOS POR SIERVOS, O HACEN SUS CATIVOS TORNAR A SU LEY

Comprar ni tener no deben los judíos por sus siervos hombres ni mujeres que fuesen cristianos; et si alguno contra esto hiciera, debe el cristiano ser puesto en su libertad, et no debe pagar ninguna cosa del precio que fue dado por él, aunque el judío non lo supiese cuando lo compró que era cristiano; mas si supiese que lo era cuando lo compró, et se sirviese después de él como de siervo, debe el judío morir por ende.

También prohibimos que ningún judío non sea osado de tornar judío su cativo ni su cativa, aunque sean moros o de otra gente bárbara; et si alguno contra esto hiciera, el siervo o la sierva a quien tornare judío o judía, mandamos que sea luego por ende libre, et tirado de poder de aquel o de aquella cuyo era. Et si por aventura algunos moros que fue­sen cativos de judíos se tornasen cristianos, deber ser luego libres por ende, así como se muestra en la cuarta partida de este libro, en el título de la libertad en las leyes que hablan en esta razón.

LEY XI: CÓMO LOS JUDÍOS DEBEN ANDAR SEÑALADOS PORQUE SEAN CONOSCIDOS

Muchos yerros et cosas desaguisa­das ocurren entre los cristianos et los judíos et las cristianas et las ju­días, porque viven et moran juntos en las villas, et andan vestidos los unos así como los otros. Et por desviar los yerros et los males que podían ocurrir por esta razón, te­nemos por bien et mandamos que to­dos cuantos judíos et judías vivieran en nuestro señorío, que traigan algu­na señal cierta sobre las cabeza, que sea atal porque conozcan las gentes manifiestamente cual es judío o ju­día. Et si algún judío non levase aquella señal, mandamos que pague por cada vez que fuese fallado sin ella diez maravedís de oro; et si non hubiera de que los pagar, reciba diez azotes públicamente por ello.